lunes 13 de febrero de 2012

Maufrago




Yo vivo en una playa desierta. En ella, intento hablar poco, decir tanto como dicen las olas.
Pocos son los barcos que me han encontrado. Tengo correspondencia en botella de vidrio con dos o tres náufragos vecinos.
Coincidimos, a veces, en que necesitamos mucho: comida, amor, resguardo, amor, un libro, amor... amor, la vida.
Como una vez que vino una ola enorme y mis pies y mis pasos pidieron con urgencia tierra firme, comidas en el muelle, cerveza helada.
Ya mi brújula no se resguarda el fuego, mi antorcha pierde el rumbo continuamente, y yo, sólo tengo unas palmas con marcas de este tiempo, con sal escurriendo por entre mis dedos.

miércoles 9 de noviembre de 2011

Sí, la fé / ****

Con qué tipo de insomnio estaba nuestro sueño,

acurrucado entre mis brazos tan ajenos

besando otros momentos en mis labios.

Si es que hay alguien que afirme que amanece

dígame por dónde sale otro ocaso

para empezar a soñar.

miércoles 2 de noviembre de 2011



a veces,
cuando te miro por tus fotos
cuando me miras y no me miras en tus retratos.
En mis dolores, en mis sueños
te pienso aun sin pensarlo.

martes 17 de mayo de 2011

CAPOTAZOS Y ESTOCADAS





Me ajusto el corbatín, acomodo la chaquetilla y el capote me lo echo al hombro. Salgo por el callejón que conduce al ruedo. Entre los pasos voy dejando rastros de algún temor, en cada paso se pierde el taconeo de mis huesos; hilos de incertidumbre me cuelgan del traje, caen como pelusas y se dejan caer en el aire.Dejo atrás un pasillo oscuro que hace eco a mis palpitaciones, a mis pasos sobre la tierra. La plaza se colma de huecos, de asientos sin alma destinados para mí. Elegiría sin pensarlo ser espectador, público a mis propios males. Pero no puedo dejar de mirarme, de sentirme sucumbir en la respiración de este llano. Con la pesadez del silencio dentro de mi garganta y de mi duda. A la espera, los músicos no atinan a tocar una melodía, los burladeros no dejan de reír y en la capilla de plaza, la imagen de una virgen se ha olvidado de mi destino. Los seguros se corren en las puertas de los chiqueros. Puedo escuchar la respiración, el enfado, la furia de mi temor. Pero no doy pasos atrás. Muestro el capote firme, siempre al frente. En estampida sale mi miedo. A medida que lo voy toreando viene perdiendo fuerza. Con capotazos sobresalientes y escuetos voy venciendo a la bestia. Con furor viene agachando la cabeza. Corneando al aire. Pero el tiempo sigue formando a los segundos detrás de las horas y ya no hay tiempo. La bestia está en el suelo por una estocada certera mientras yo voy en hombros con la sonrisa del triunfo y la montera a ras de suelo acompaña al difunto.

jueves 24 de marzo de 2011

Con mágia

Lástima que en la playa donde vivo no haya esquinas que cruzar
paso de una a otra costa; miro a este día
verme irme a dormir.
Linda noche a tus días pestañea con sus nubes y el mar
murmura bajito un te extraño
mientras bebe un mezcal en honor al olvido.

domingo 13 de febrero de 2011

HOJAS CORAZÓN

No fueron los ventarrones, ni las lluvias, ni el otoño.

Fue estrictamente la vida quien la tiró de mi árbol.

(Robustamente altísimo, vuelco la mirada al cielo:

azul, siempre azul, azul contaminado y a su lado nada, nada)

Deja entre sus ramas, las manos de sus dedos jugando a entrelazarse con el aire.

Mis ojos advierten su ausencia, su esencia.

(Cuánta falta me hacen sus brazos en mis labios.

Ando cojo por entre los versos y las palabras muletillas,

fractura siempre, corazón.)

Y no hay sombra, ni asombro entre nosotros.

Sólo corazones tirados,

Pisados,

aplastados,

escupidos,

esculpidos,

derribados,

borrados.

Nuestra mirada viene bajando por los escalones del tiempo;

llegan a mi raíz, a mi eternidad contada.

A sus pies, mi mundo deja hacer su trabajo al olvido.

Corazón tirano, dictador:

¡Ordeno siempre, nunca estar solo;

Que las caricias de tus manos, se me adhieran como smog a tus pulmones!

Ordeno siempre perpetua primavera, hoja verde, fresca.

Hoy no es el caso, esta tarde hace frío

y sólo escucho al corazón crujir a mis pies

cuando una dama atraviesa con su barredora el olvido

y me veo derrumbado,

levantando -en fragmentos- a mi corazón seco.

...la ciudad calla

y por entre las calles puedo sentir

el rumor del descanso que tiene la vida

pocos son testigos del cambio que viene a esta piel;

nada ha pasado y este tronco espera las lluvias

martes 8 de febrero de 2011

Pase usted... Bienvenido


Uno al entrar mira el tapete que dice "Bienvenidos" e inmediatamente descansan las suelas y los tacones lanzan un "¡fiuu!" de lo agotados que vienen. Pero interrumpen la pausa. Vuelven a la marcha y caminan los pasos detrás de la camarera. Avanzan por el pasillo hasta llegar a una mesa y hacer un paso de lado y otro y otro, casi, hasta el fondo del sillón puesto que vienen más acompañantes.

Ya en los cielos, se detienen las miradas en los platillos y bebidas; en las enchiladas suizas, en el jugo de naranja y los huevos al gusto. Se llega a un acuerdo con la camarera que presurosa toma nota -con su letra casi ilegible y con faltas pero de acentos, puesto que ella se dice que para qué si dice lo mismo- y disparada como tortuga va y sorraja la orden al cocinero.

Éste con cara de "huele a pedo" toma la hoja e intenta descifrar los garabatos mal encarados. Pero al fin y al cabo salen cocinados. Y ahí va la muy "cuca" meneando los vasos y los platos muy humildemente; las miradas no fallan y ella se siente en pasarela -¿pasaré la charola pa allá o pa acá-.

Los cubiertos pelan contra la comida; ellos vencen en cada bocado y lo encuartelan en la mazmorra de las caries donde sufren las torturas de los malos alientos y las contracciones intermitentes de las mandíbulas. Salen echas una "pomada" alimenticia. Los comensales guardan silencio la mayoría del tiempo, prefieren comer -puesto que son las dos de la tarde y vienen de la inspección al "call center" donde se aburrieron muchísimo escuchando a miles de hombres y mujeres mendingando una venta de tarjeta de crédito o un seguro de viajero cuando ni coche tienen.

Nuestro personaje bebe un trago largo de soda. Le surge un eructo que controla con la servilleta. Limpia los bigotes y las comisuras. Busca en vano por entre las salsas y los anuncios, un mondadientes Como no lo hay, hace gala de la succión ejercida por el vació que provoca la lengua entre un molar y un canino repletos de bolo.

Pero no todo es tan perfecto.

Los mariscos que ha pedido no fueron tan adecuados para el estomago. Han caído como bomba nuclear y ahora sólo buscan una institución de paz que haga el favor de recibir todos los documentos bien pintarrajeados, para después dejar fluir las molestias de ese país en guerra. Y así, llega hasta la suprema corte y confección del asunto. Las blanquísimas y perfumadísimas oficinas centrales ya lo esperaban y es atendido por el portero que tiene el trapeador en la mano y su trapito en el hombro: "pásele joven, pásele... el último esta libre." Y estalló lo esperado; tiempo después vino el alivio -mas o menos 5 minutos pasada la bomba-. Aunque existieron replicas constantes, no hubo más daños y salió exitoso del todo mal que vino bien, pues ahora descansaba su estomago y su ser.

Se dirigió a la entrada que esta vez era salida. Encontró a sus compañeros tan panzones, tan cejones y tan calvos, como cuando habían llegado. “¿nos vamos?, todo listo… ya saben como son las esposas…” Y movieron la cabeza como diciendo “hay si cabrón hasta acá roncaba tu barriga… o, por qué no te creo… entre otros mas ofensivos y menos constructivos”. Volvieron a pisar el anuncio de “Bienvenidos” y esta vez los zapatos no brindaron al chocarse los tacones puesto que hartos de la espera tenían ganas de poner en marcha a su amo y salir pronto de aquella cámara de gases.