
RAYON DE PLUMA
lunes 13 de febrero de 2012
Maufrago

miércoles 9 de noviembre de 2011
miércoles 2 de noviembre de 2011
martes 17 de mayo de 2011
CAPOTAZOS Y ESTOCADAS

jueves 24 de marzo de 2011
Con mágia
domingo 13 de febrero de 2011
HOJAS CORAZÓN
No fueron los ventarrones, ni las lluvias, ni el otoño. Fue estrictamente la vida quien la tiró de mi árbol.
(Robustamente altísimo, vuelco la mirada al cielo:
azul, siempre azul, azul contaminado y a su lado nada, nada)
Deja entre sus ramas, las manos de sus dedos jugando a entrelazarse con el aire.
Mis ojos advierten su ausencia, su esencia.
(Cuánta falta me hacen sus brazos en mis labios.
Ando cojo por entre los versos y las palabras muletillas,
fractura siempre, corazón.)
Y no hay sombra, ni asombro entre nosotros.
Sólo corazones tirados,
Pisados,
aplastados,
escupidos,
esculpidos,
derribados,
borrados.
Nuestra mirada viene bajando por los escalones del tiempo;
llegan a mi raíz, a mi eternidad contada.
A sus pies, mi mundo deja hacer su trabajo al olvido.
Corazón tirano, dictador:
¡Ordeno siempre, nunca estar solo;
Que las caricias de tus manos, se me adhieran como smog a tus pulmones!
Ordeno siempre perpetua primavera, hoja verde, fresca.
Hoy no es el caso, esta tarde hace frío
y sólo escucho al corazón crujir a mis pies
cuando una dama atraviesa con su barredora el olvido
y me veo derrumbado,
levantando -en fragmentos- a mi corazón seco.
...la ciudad calla
y por entre las calles puedo sentir
el rumor del descanso que tiene la vida
pocos son testigos del cambio que viene a esta piel;
nada ha pasado y este tronco espera las lluviasmartes 8 de febrero de 2011
Pase usted... Bienvenido

Uno al entrar mira el tapete que dice "Bienvenidos" e inmediatamente descansan las suelas y los tacones lanzan un "¡fiuu!" de lo agotados que vienen. Pero interrumpen la pausa. Vuelven a la marcha y caminan los pasos detrás de la camarera. Avanzan por el pasillo hasta llegar a una mesa y hacer un paso de lado y otro y otro, casi, hasta el fondo del sillón puesto que vienen más acompañantes.
Ya en los cielos, se detienen las miradas en los platillos y bebidas; en las enchiladas suizas, en el jugo de naranja y los huevos al gusto. Se llega a un acuerdo con la camarera que presurosa toma nota -con su letra casi ilegible y con faltas pero de acentos, puesto que ella se dice que para qué si dice lo mismo- y disparada como tortuga va y sorraja la orden al cocinero.
Éste con cara de "huele a pedo" toma la hoja e intenta descifrar los garabatos mal encarados. Pero al fin y al cabo salen cocinados. Y ahí va la muy "cuca" meneando los vasos y los platos muy humildemente; las miradas no fallan y ella se siente en pasarela -¿pasaré la charola pa allá o pa acá-.
Los cubiertos pelan contra la comida; ellos vencen en cada bocado y lo encuartelan en la mazmorra de las caries donde sufren las torturas de los malos alientos y las contracciones intermitentes de las mandíbulas. Salen echas una "pomada" alimenticia. Los comensales guardan silencio la mayoría del tiempo, prefieren comer -puesto que son las dos de la tarde y vienen de la inspección al "call center" donde se aburrieron muchísimo escuchando a miles de hombres y mujeres mendingando una venta de tarjeta de crédito o un seguro de viajero cuando ni coche tienen.
Nuestro personaje bebe un trago largo de soda. Le surge un eructo que controla con la servilleta. Limpia los bigotes y las comisuras. Busca en vano por entre las salsas y los anuncios, un mondadientes Como no lo hay, hace gala de la succión ejercida por el vació que provoca la lengua entre un molar y un canino repletos de bolo.
Pero no todo es tan perfecto.
Los mariscos que ha pedido no fueron tan adecuados para el estomago. Han caído como bomba nuclear y ahora sólo buscan una institución de paz que haga el favor de recibir todos los documentos bien pintarrajeados, para después dejar fluir las molestias de ese país en guerra. Y así, llega hasta la suprema corte y confección del asunto. Las blanquísimas y perfumadísimas oficinas centrales ya lo esperaban y es atendido por el portero que tiene el trapeador en la mano y su trapito en el hombro: "pásele joven, pásele... el último esta libre." Y estalló lo esperado; tiempo después vino el alivio -mas o menos 5 minutos pasada la bomba-. Aunque existieron replicas constantes, no hubo más daños y salió exitoso del todo mal que vino bien, pues ahora descansaba su estomago y su ser.
Se dirigió a la entrada que esta vez era salida. Encontró a sus compañeros tan panzones, tan cejones y tan calvos, como cuando habían llegado. “¿nos vamos?, todo listo… ya saben como son las esposas…” Y movieron la cabeza como diciendo “hay si cabrón hasta acá roncaba tu barriga… o, por qué no te creo… entre otros mas ofensivos y menos constructivos”. Volvieron a pisar el anuncio de “Bienvenidos” y esta vez los zapatos no brindaron al chocarse los tacones puesto que hartos de la espera tenían ganas de poner en marcha a su amo y salir pronto de aquella cámara de gases.


